Voces y nicolages


Nicolás Suescún (1937-2017) comienza a publicar textos en la Revista Eco en los años 60. En aquella época fue nombrado jefe de redacción por el reconocido “señor Buchholz”, quien tenía en el centro de Bogotá, la emblemática librería que llevaba su apellido. Suescún era librero allí, una de las tantas facetas que lo harían una persona preeminente en el mundo cultural colombiano. Fue traductor, narrador y poeta. Además, artista plástico.
Por estos días, se puede ver en la Sala Alterna de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, montada por el curador Andrés Arias, una impresionante muestra de su trabajo plástico, los “Nicolages” como él llamaba a sus composiciones hechas con diferentes formas de papel recortado y ensamblado.
La exposición abrió la oportunidad para la organización de un conversatorio sobre este artista y su importante legado en la biblioteca de esta Universidad el pasado 11 de abril.
En la charla participaron Álvaro Castillo, librero y escritor, Javier Gil, director de la Escuela de Artes y Alejandro Molano, director del Departamento de Humanidades.
La amena conversación permitió mostrar diferentes aristas de la creación y la vida de Suescún,y trazar la línea que en él unía la creación plástica con la literaria.
Para Molano, este fue un autor que nunca cayó en la trampa de sentirse importante o demasiado grande; más bien fue alguien que quiso mantener un bajo perfil. Esto fue ratificado por Castillo, quien afirmó que la obra fue admirada por varias personas influyentes del mundo literario, como el crítico Ángel Rama; sin embargo, parece que Suescún prefería otras glorias distintas a las del mercado.
Por su parte, Gil resaltó la fuerza de algunos de los trabajos en collage que forman parte de la exposición y los tres estuvieron de acuerdo en que tanto en la literatura como en la creación visual, vemos a un artista que no encaja en un modelo preestablecido y tiene una especie de atracción por el montaje. Un montaje en el cual también juega con el tiempo, como escapando de la temporalidad, un ser extemporáneo.

El conversatorio se acompañó con la lectura de algunos textos del autor por parte de un grupo de estudiantes de literatura de esta Universidad y del profesor Alejandro Molano.






Con esta voz del poeta, revivida en otras voces en mi mente, recorrí la sala en donde está la exposición, un lugar abierto, una estación cerca a la entrada de uno de los edificios de la Tadeo. Las imágenes inmediatamente me atraparon; como un imán. Igual a como he quedado atrapado por las imágenes poéticas de Opiana o los Cuadernos de N; dos libros en donde la palabra construye el mundo del lector; que para mí es lo que hace la buena narrativa.
Así, con el eco de sus textos, me dejé atrapar por el papel plegado, recortado, pensado, dibujado y reescrito y pude ratificar que no hay una obra visual y una literaria en Suescún, son componentes de una misma obra en donde él narraba desde su cuerpo, desde su yo y se burlaba con sarcasmo para llevarnos a varios mundos en donde se respira gracias a la inteligencia y la ironía.



La exposición “Los cuadernos de Nicolás: imagen y palabra” estará hasta el 31 de abril en la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá.




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